El agua

El agua es el elemento más abundante en la composición del cuerpo humano. Oscila entre el 60 y el 70 % en el adulto, algo menos en el anciano y puede llegar al 85 % en el recién nacido.

Aunque no se suele considerar como nutriente estricto, en el sentido de que no aporta calorías, sus diferentes funciones son indispensables para la vida y el buen funcionamiento del organismo.

En los tejidos se distribuye el agua en dos grandes compartimentos: intracelular y extracelular.

Funciones:

  • Constituye el medio de disolución de todos los fluidos corporales (sangre, linfa,secreciones digestivas, etc.) y es el vehículo transportador de los materiales de desecho del metabolismo (orina y heces).
  • Lleva las sustancias nutrientes hasta las células, participa en su digestión por medio de la hidrólisis y transporta desde ellas los residuos originados en la metabolización. Asimismo, es el medio para el indispensable equilibrio hidroelectrolítico.
  • Regula la temperatura corporal mediante su evaporación a través de la piel.

El agua no puede ser oxidada por el organismo, por lo que no constituye una fuente energética y tampoco es digerida, simplemente se absorbe en el intestino.

Es un medio en constante movimiento y reciclado: el contenido intestinal es de aproximadamente 9 litros y los riñones filtran diariamente entre 140 y 180 litros, la mayor parte de los cuales se vuelven a reabsorber, de modo que la producción final de orina es de 1 a 2 litros.
El organismo debe mantenerse en balance hídrico equilibrado, es decir, que los ingresos sean iguales a las pérdidas.

Fuentes.

  • Líquidos de bebida, fundamentalmente agua potable, vino, café, infusiones, zumos y refrescos. Suelen aportar de 1.300 a 1.500 ml/día.
  • Agua contenida en los alimentos y añadida durante su preparación (sopas, pastas, arroz).Puede ser de aproximadamente 700 ml/día.
  • Agua de oxidación producida por el metabolismo de los macronutrientes, proteínas,grasas e hidratos de carbono. Supone unos 300 ml/día.

Pérdidas y requerimientos de agua.

Hay muchas circunstancias que pueden variar las pérdidas de agua: un ambiente caluroso aumenta la pérdida por sudoración, para intentar rebajar la temperatura corporal; el ejercicio intenso o la fiebre producirán el mismo efecto.
Ante una pérdida excesiva y en situación normal, el organismo se defiende respondiendo automáticamente con sensación de sed.
Los valores medios estimados de las pérdidas de agua, para un adulto medio y en un ambiente templado, son los siguientes:

  • Renal, por la orina (1.500 ml/día).
  • Cutánea, por la transpiración (350 ml/día).
  • Pulmonar, por el vapor de agua espirado (400 ml/día).
  • Digestiva, por las heces (150 ml/día).

Los requerimientos de agua son difíciles de establecer, ya que las circunstancias personales y ambientales ejercen una gran influencia.

Si la ingesta de agua es deficitaria, la respuesta puede ser doble:

a) Sensación de sed, ingesta de agua y recuperación del equilibrio hídrico.
b) Reducción de pérdidas, concentrando la orina.

Cuando la ingesta es excesiva, el riñón filtra más agua y fabrica una orina mucho más diluida.

Todos estos mecanismos funcionarán adecuadamente en condiciones normales, es decir, en ausencia de patologías que puedan interferir.

En algunas situaciones en las que la eliminación está disminuida, por ejemplo, en la insuficiencia renal, se puede acumular agua en el organismo, aparecen edemas y aumenta el volumen sanguíneo, lo que produce una elevación de la tensión arterial. El consumo excesivo de sal también puede provocar retención de agua en el organismo, con los mismos resultados descritos.
Por el contrario, el déficit de agua, sea por baja ingesta o por aumento de pérdidas (ej.:diarreas o vómitos), puede conducir a la deshidratación, que si es de grado extremo (>20% del peso corporal) es incompatible con la vida.

Un adulto sano puede sobrevivir un mes sin comida, pero solo 6 o 7 días sin agua.

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