Carlos el pescadero del puesto 109

Carlos regenta «Pescados frescos Carlos» que ocupa el puesto 109 en el pasillo central del mercado. En este reportaje vamos a conocer su trayectoria y su día a día, que es el reflejo de la rutina de trabajo y esfuerzo de los detallistas de un mercado, los cuales no solo trabajan de cara al público, sino que acuden previamente a Mercazaragoza a elegir los productos que van a poner a la venta en su establecimiento. Sirva este reportaje de homenaje para todos ellos.Cralos 2

Se levanta a las tres y media todos los días, no sin el comprensible esfuerzo que supone incorporarse a esas tempranas horas. A las cuatro o cuatro y cuarto ya está en Mercazaragoza. Este esfuerzo diario tiene su recompensa al poder comprar el pescado más fresco y tener la opción de adquirir las piezas en la calidad y cantidad que desea para ofrecer siempre lo mejor a sus clientes. En este punto, no sería justo pasar por alto el reconocimiento al trabajo de los mayoristas cuya labor en la cadena de distribución es imprescindible. De hecho, estos profesionales se ven afectados directamente por la estructura actual de la distribución comercial, en la que las grandes empresas de distribución ya no acuden a abastecerse de los mayoristas, sino que tratan directamente con los productores u otros intermediarios. Las consecuencias de esta situación se dejan notar en el empleo y en el volumen de actividad de esta parte del canal de distribución. Por lo que respecta a los minoristas, es decir, los que venden directamente al consumidor final, Carlos nos relata que hace treinta años había más de ochocientos pescaderos, pero su número se han reducido a los trescientos actuales.

Seguimos con el relato de su quehacer diario. Sobre las seis y media llega el camión con su compra y Carlos procede a montar cuidadosamente su mostrador, que tiene ya listo hacia las nueve de la mañana, hora a la que empieza a atender a sus clientes.

Cuando estamos con él nos damos cuenta del tiempo, la atención y esmero con el que trata a sus clientes, los cuales no se fijan exclusivamente en los carteles indicadores de precio, sino en el producto en sí.  De hecho, Carlos ha creado unos vínculos de confianza tales, que sus clientes valoran principalmente la cuidada selección de los productos del mar que les ofrece, dejando en segundo lugar la lógica y comprensible búsqueda del precio más bajo posible.

A las dos o incluso dos y cuarto, recoge y limpia su mostrador, culminando su jornada de trabajo, con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Le preguntamos por las peticiones más originales o curiosas que ha recibido. Sonríe al recordar cuando una señora de apariencia elegante y distinguida le pidió una «merluza a churritos suprema», indicándole que iba a proseguir con sus compras y regresaría posteriormente a recoger su producto. Al escuchar la petición Carlos no se inmutó, disimulando su total desconocimiento de las características de la petición. Decidió confiar en su instinto y procedió a preparar la merluza quitándole la piel y las espinas, cortándola posteriormente en tacos. Al regresar la señora, le sonrió satisfecha y desde entonces acude con regularidad a su puesto.  Hasta el día de hoy no le ha vuelto a formular más peticiones tan singulares.

Carlos 1

También nos confiesa que a veces los clientes desean darse a entender como expertos en los productos que solicitan. Nos cuenta el caso de una señora que le solicitó pescado fresco de la mejor calidad y le indicó que era experta en pescado, al residir en la costa gallega, concretamente en Orense.  Por si nuestro amable lector o lectora todavía no se ha percatado, Orense es la única capital gallega de interior. En estas situaciones, Carlos reconoce que el comerciante debe disimular su risa para no herir la susceptibilidad del cliente.

Un buen profesional de los productos frescos aporta valor aconsejando a sus clientes sobre la mejor manera de preparar sus productos. Esto es lo que hace Carlos diariamente, tal y como hemos podido comprobar durante el desarrollo del presente reportaje en el que no ha dejado de atender a sus clientes, la inmensa mayoría de ellos habituales. Así escuchaban su relato, asintiendo con sus gestos con el que ratificaban sus palabras y demostrando el aprecio que le profesan.

Carlos ha trabajado toda su vida en la distribución comercial, primero como como asalariado de diferentes empresas y para un detallista del mercado. Se incorporó al mercado justo después de la reforma de 1986, pasando a los pocos años a establecerse por su cuenta regentando su actual puesto.

Se confiesa preocupado por la futura remodelación del mercado y por la pérdida de clientes que ha sufrido el mercado como consecuencia del traslado de las paradas de autobuses urbanos y de los pueblos lejos de su anterior ubicación, por la creciente competencia de las grandes empresas de distribución y por las consecuencias del traslado de los juzgados a Ranillas. De todos modos, se muestra optimista y confiado en que la próxima reforma del mercado y en el esfuerzo de los detallistas para devolver al mercado parte o toda su anterior actividad comercial Eso sí, nos insiste que desea un mercado basado en la venta tradicional y no monopolizado por los «gastrobares».

En relación con uno de los aspectos mencionados en el párrafo anterior, Carlos desea insistir en la necesidad de facilitar el acceso al mercado a las personas residentes en los barrios rurales que no cuentan en sus lugares de residencia con una oferta de productos perecederos. Por lo anterior, es preciso el acercamiento de las paradas de los medios de transporte públicos que conectan la ciudad con dichos núcleos de población.

2016-07-13 11.00.20

 

Para finalizar no queremos pasar por alto la decoración que adorna las paredes de su puesto, en la que es evidente su pasión por el fútbol y más concretamente por el Real Zaragoza, del que se confiesa ser socio de manera ininterrumpida desde hace treinta y cuatro años. Se reconoce orgulloso de su ciudad, de su equipo de fútbol y aunque no lo diga expresamente, de su oficio y de su mercado.

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