Tradición y modernidad.

Esta sensación está presente en todo el edificio: clásico o tradicional en la visión general y moderno en la utilización de los materiales.
De alguna forma, Félix Navarro plasmó en Zaragoza lo que ya dejaron entrever la Exposición Universal de París de 1889 y su monumento más emblemático, la Torre Eiffel.

Eso sí, a nivel decorativo, el hierro apenas está trabajado en el exterior. En el interior algo más, pero tampoco demasiado, con la presencia de algunos motivos florales. La decoración hay que buscarla, sobre todo, en los capiteles de las columnas y en los remates superiores de las portadas, donde llama la atención la portentosa presencia de la cabeza de un carnero junto a productos que se pueden encontrar en cualquier mercado como alcachofas, uvas o carne de caza.

La fachada sur, que da a la calle Torre Nueva, también ofrece un amplio muestrario de tareas vinculadas al mercado alimentario. En los ´carteles` de piedra se pueden ver alusiones al comercio (mulo y roscadero), la horticultura (frutas, azada y regadera), la caza (ánade, arco
y flecha) y la pesca (dos peces, remo y red).

También es interesante observar los emblemas esculpidos en los capiteles de las columnas altas de las fachadas norte y sur. En ellos aparecen
representados la agricultura (hoz y tres espigas), la pesca (pez con tridente y anzuelo), la caza (ave alcanzada en vuelo por una flecha) y el comercio
(balanza y rama de laurel). Además, como fue una obra que asumió el Ayuntamiento de la ciudad, en cada uno de estos capiteles aparece una letra, de forma que en su conjunto se completa el nombre de Zaragoza.

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