La simbología del zodiaco en el Mercado Central.

La alusión de Félix Navarro al león del escudo de Zaragoza como Leo, símbolo zodiacal, pudiera ser la clave conceptual de otro aspecto del simbolismo con el que fueron concebidas las figuras que decoran el Mercado Central. Recordemos sus palabras: “Bueno será advertir que el león, en general, expresa el más alto potente sol de julio, el signo zodiacal Leo, y se ha escogido siempre con cierta conciencia de intensa vitalidad”.

Se puede intuir de sus palabras que Navarro conocía y estimaba en algo la simbología zodiacal, tanto como para mencionarla públicamente en ese importante acto inaugural, y que pudo tenerla en mente a la hora de diseñar la ornamentación del mercado. Por ello, se puede plantear la siguiente propuesta en la que se tienen en cuenta los signos del zodiaco al mirar la ornamentación de la fachada principal.

Si el león del escudo de Zaragoza es Leo, la impactante cabeza de carnero que domina en las cresterías bien pudiera ser Aries. Navarro la relaciona directamente con la venta de carne. Pero ese no es un obstáculo para recordar que el carnero es uno de los animales vinculados a Mercurio, ya que es protector de los rebaños, (también podría relacionarse con Mercurio, por cierto, el remo que vemos en el cartel de la fachada dedicado a la pesca, antiguo símbolo del comercio marítimo).

Si el león es Leo y el carnero es Aries, el arco y la flecha del cartel dedicado a la caza también pudiera ser Sagitario y los dos peces del dedicado a la pesca pudieran ser Piscis. Casualmente, Aries, Leo, Sagitario y Piscis son cuatro signos de las cuatro estaciones del año: Aries es la primavera, Leo del verano, Sagitario del otoño y Piscis del invierno.

En la fachada principal del Mercado Central, estos signos estarían ante el observador en el orden oportuno, de izquierda a derecha. ¿Podemos deducir que Félix Navarro quiso aludir de una forma discreta, en esa fachada, a las cuatro estaciones del año?

De ser así, en la fachada principal del Mercado tendríamos cuatro elementos visibles de una alusión al zodíaco, la clave de cuya lectura la hemos encontrado en las palabras del arquitecto sobre el león del escudo de Zaragoza como Leo.

De todas formas, hay que advertir que los signos del zodíaco que corresponden a los cambios de estación (por corresponder a los equinoccios y solsticios) y que los simbolizan comúnmente no son estos cuatro sino Aries, Cáncer, Libra y Capricornio. Eso deja abierta la puerta a otras interpretaciones sobre la posible presencia de Aries, Lego, Sagitario y Piscis en esa fachada, para las que debería tenerse en cuenta también la presencia del Sol y de Mercurio y sus respectivas ubicaciones en el edificio.

Mercurio.

Si nos atrevemos a hablar del Mercado Central como templo de Mercurio, es porque sí nos los permite la reiterada exhibición en él del caduceo, instrumento y emblema del antiguo dios. Es una forma de expresar que en su interior se rinde culto cotidianamente, sin especiales ceremonias, a la libre comunicación entre las personas y a la sacrosanta lealtad a la palabra dada, base y garantía del acto comercial.

Vemos así un mercado concebido como obra artística en la que se quiere celebrar la exaltación del pueblo ya culto, victorioso sobre anteriores rudezas y mezquindades.

La construcción del Mercado Central de Zaragoza surge, a caballo entre el siglo XIX y el XX, en el seno de una concepción del mundo y de la vida en la que influye poderosamente un optimismo que desgraciadamente la Primera Guerra Mundial no tardaría en desmentir.

La coyuntura española propiciaba el compromiso social y animaba el vuelo de la imaginación de arquitectos e ingenieros: España podría disfrutar de construcciones de nuevo cuño, capaces de responder a las necesidades materiales del momento e, incluso, capaces también de contribuir con su belleza a la promoción de los necesarios cambios en la forma de vida de los españoles.

A esa empresa intelectual y moral quiso contribuir Félix Navarro, arquitecto zaragozano de formación universal, con sus construcciones plenamente dotadas de higiene, utilidad y belleza. El Mercado Central es una buena muestra de ello. Afortunadamente, aún lo podemos disfrutar como lo que es: un monumento espléndido al que acudimos cotidianamente a vender, a comprar y a encontrarnos con nuestros vecinos.

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